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Grandes batallas IV

En nuestra cuarta edición nos acercamos al nuevo mundo, donde se llevo a cabo la batalla de Pensacola.

Puede que las aguas europeas se hayan teñido multitud de veces con la sangre de los marineros españoles e ingleses. No obstante, la armada ibérica y la Royal Navy pueden presumir de haberse plantado cara a lo largo y ancho del mundo entero. Precisamente, uno de los lugares más recónditos en los que se encontraron fue en la bahía de Pensacola, cerca de la Florida. Allí, en un día de 1.781, la Infantería de Marinahispana desembarcó y expulsó del terreno a los defensores de la Pérfida Albión.

Para saber por qué la armada de nuestro país viajó miles de kilómetros para derramar sangre inglesa hay que remontarse hasta finales del SXVIII, concretamente a 1.763, año en que Inglaterra hizo doblar la rodilla a una coalición de países entre los que se encontraban Francia y España.
Tras esta dolorosa derrota, Carlos III estaba deseoso de que el tiempo le diera una excusa para devolver tal afrenta al inglés, y esto sucedió cuando llegaron las primeras noticias de que las Trece Colonias americanas habían iniciado un levantamiento contra los británicos. En ese momento, España dio comienzo a una abismal campaña de apoyo a los rebeldes, a los que equipó con armas, munición y uniformes. A su vez, la situación se recrudeció cuando la corona declaró la guerra a las islas en 1.779.

Hacia Pensacola

Con el inicio de la lid España dio también el arcabuzazo de salida para molestar en todo lo posible a la Royal Navy, la cual debía ahora dividir sus buques para hacer frente a franceses, americanos e hispanos. En este contexto, el entonces gobernador de Luisiana, el malagueño Bernardo de Gálvez, recibió órdenes de arrebatar Pensacola –una ciudad ubicada en la Florida occidental- a los británicos. Esta empresa, no obstante, era tan arriesga como dificultosa, pues, para entrar en su bahía, era necesario pasar un estrecho de poco calado cubierto por dos baterías enemigas.

Pero el miedo no era una opción para Gálvez, que el 28 de febrero de 1.781 armó una flota de 36 buques y cientos de Infantes de Marina. A su vez, estableció que tropas españolas y francesas tomarían los alrededores de Pensacola desde tierra y ayudarían a asediar la propia ciudad. Con todo preparado, gran valentía, y los cañones armados, se inició el viaje hacia la bahía enemiga.
«Yo solo»

Una vez frente a Pensacola, Gálvez observó que la empresa auguraba un fuerte derramamiento de sangre. Con todo, el malagueño no retrocedió y tomó a bayoneta calada con sus hombres una de las dos baterías que cubrían el estrecho y la entrada a la ciudad.
Sin embargo, y a pesar de que de esta forma redujeron las defensas del enemigo, los ingleses todavía tenían los cañones de la posición conocida como «Barrancas coloradas», una fortificación imposible de tomar sin entrar en la bahía y exponerse a su fuego.
En ese momento se iniciaron las discrepancias entre los oficiales españoles ya que, mientras que Gálvez pretendía entrar con la flota y hacer frente a las «Barrancas coloradas» lanzando sobre ellos andanadas y andanadas de artillería, había muchos que temían que sus buques pudieran ser destruidos.
Ante la disyuntiva, el malagueño no dudó y, después de subirse a un bergantín (un barco de menor calado) se dispuso a llevar a cabo un acto de valentía digno de figurar en los libros de Historia: entrar solo en la bahía a través del fuego enemigo. Decidido, las últimas palabras que dirigió a sus hombres fueron: «Una bala de a treinta y dos recogida en el campamento, que conduzco y presento, es de las que reparte el Fuerte de la entrada. El que tenga honor y valor que me siga. Yo voy por delante con el Galvez-town para quitarle el miedo».
Sin dudarlo, y mientras enarbolaba la bandera de Comandante, Gálvez pasó el estrecho junto a otros tres navíos y atrajo todo el fuego sobre sí, lo que dio tiempo al resto de la flota a posicionarse y arremeter contra las «Barrancas coloradas». Curiosamente, y como si hubieran sido bendecidos, estos primeros valientes no sufrieron daños severos.
La toma de Pensacola

Con el fuego inglés controlado, ya sólo quedaba conquistar la ciudad, empresa que se hizo más sencilla gracias a la llegada de refuerzos españoles y franceses. Finalmente, y ante la ingente cantidad de tropas que se habían reunido junto a Gálvez (unos 8.000 soldados frente a los 3.000 defensores) únicamente hizo falta tiempo para que Pensacola cayera de forma definitiva en manos de Gálvez.
Si quieren saber más te esta grandiosa batalla, pueden continuar leyendo en el artículo de la mano de http://www.abc.es/historia-militar/20130902/abci-batallas-navales-espana-inglaterra-201308301918_5.html.

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